Mariana Hernández

Mon
02
Jan

Tus emociones son del tamaño de un Emoji

Tus emociones son del tamaño de un Emoji

¿Cuántas de las emociones que sentimos a diario podríamos nombrar e identificar claramente?

La psicología sigue tratando de definir un tema bastante subjetivo y etéreo. Sabemos, eso sí, que hay emociones básicas y emociones secundarias que se derivan de una combinación de las básicas. Una teoría bastante aceptada y propuesta por Darwin, es que existen seis emociones básicas: alegría, tristeza, sorpresa, asco, enfado y miedo.

Muy claro. Y ahora, si combinamos, por ejemplo, tristeza y sorpresa, sale una especie de enojo muy intenso. ¿Qué situación podríamos imaginar? Por ejemplo, nuestra reacción ante la noticia de un nuevo ataque terrorista. Si combinamos alegría y miedo, ante una nueva aventura personal, podríamos decir que sentimos excitación.

Mon
05
Sep

Quiero ser cyberpshycologist

Quiero ser cyberpshycologist

Ha llegado un gran amor profesional a mi vida. Psicóloga convertida en publicista, desde hace 12 años me reencontré con mi alma psicológica y me puse a estudiar comportamiento humano, psicoterapia (con Viktor Frankl y Carl Jung), coaching y wellbeing.

Cuando salgo de la publicidad como se ha conocido hasta ahora y me meto de lleno en la tecnología, me pongo a pensar en un millón de cosas. Intenso. Y me fijo más que nada en un tema. Mucha innovación, devices y VR. Pero, ¿cómo nuestra psique está absorbiendo todo eso? ¿qué pasa con nuestras emociones? ¿con nuestra voluntad, auto-percepción y capacidad de aprendizaje?

Me cansa y aburre el discurso de “es malo conectarse mucho” ¿quién sabe?! Lo mismo se decía cuando empezamos a escribir y leer. Bueno, malo. Los juicios de valor no son suficientes y hay que ponerse a pensar.

Thu
14
Apr

1,000 maneras de matar a Buddyman

Por Mariana Hernández

Hace poco estaba en un avión y a mi lado se sentó un niño de unos nueve años. Al principio, me preocupé: esperaba un viaje inquieto y ruidoso. No podía estar más equivocada. El niño se sentó, headphones bien puestos y tablet en mano y (casi) no lo escuché ni respirar en cuatro horas.

Vi una película. Leí. Y cuando llegó el aburrimiento, por supuesto empecé a ver para otros sitios, a meterme en lo que no me importa y mi mirada se detuvo en la pantalla de este niño que se había sentado junto a mi horas atrás.

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