¿Por qué me gusta la campaña de Trump?

Nov. 2016 se escribió en la revista NEO

¿Por qué me gusta la campaña de Trump?
Porque es marketing duro con una meta clara: ganar.

El marketing político es un método para hacer buenas campañas. Trump es una marca en el mundo de los negocios y el show business, pero no en la política. Sin embargo, su campaña es irreverente y enfocada en el objetivo, sin respeto a las marcas ni al sistema. Hace un marketing burdo, primitivo y efectivo.

Escribo esto mientras veo el segundo debate presidencial en EUA, entre Hillary y Trump. Hillary es la favorita en mi timeline, mi familia y entre mis amigos. Pero yo solo soy un observador y, sin pena ni compromiso, les digo: soy fan de la campaña de Trump.

¿Por qué? Es bien simple. Desde mis inicios en esta carrera, he tenido la fortuna de trabajar con marcas que no eran las líderes, que debían luchar y batirse a trancazos con las marcas poderosas por ganar un lugar en el mercado, por vender. Y así veo a la campaña Trump.

Trump es una marca en el mundo de los negocios y el show business, pero no en la política. Gracias a “The Apprentice” tiene la imagen de hombre duro, decidido, que sin piedad se deshace
de los débiles con la frase “You’re fired!”

Pensando en su mercado, Trump ha sido lo suficientemente sagaz como para ver el enojo de la gente, debido en buena parte a la percepción de que todo tiempo pasado fue mejor, y convirtió la oportunidad en una fuerza, diciendo sin tapujos que él corregirá las cosas, en un uso magistral del análisis SWOT.

Primero, su eslogan: Make America Great Again. Apela a sentimientos de desolación de gente convencida, bien plantada en el declinismo, de que nunca se había estado tan mal como ahora, independientemente de las estadísticas y la macroeconomía. Las cosas están mal como nunca y deben arreglarse: Make America Great Again.

Después, los enemigos. Imaginen a Jim Smith, desempleado de Detroit cuyo trabajo se vino a México (o Canadá, Brasil, Chile, no importa) y quedó desempleado. No le preocupa si el ingreso per capita de en Estados Unidos es o no el más alto de la historia, le preocupa la caída en su nivel familiar de vida… y la culpa es de quien se quedó con su trabajo. O Norma Jean, quien ve cómo mueren compatriotas suyos en Irak, Afganistán, el Golfo, o en algún atentado alrededor del mundo… y, en su mente, todos los musulmanes son terroristas. O Ms. Robinson, quien ha sabido de la violencia causada por criminales,
recordando muy bien los casos donde el criminal era inmigrante, olvidando los demás en pleno uso del confirmation bias. En su mente, los ‘mexicanos’ hacen como dice Trump: “Traen drogas. Traen crimen. Son violadores”.

Por último, el sistema. Está roto. Hay que arreglarlo.“Yo sé cómo; soy fabuloso; soy un gran hombre de negocios; sé cómo hacerlo”. 

Hace años aprendí que EUA ama el fear appeal. En su marketing lo vemos todo el tiempo; Trump lo usa muy bien. Norma, Jim, Ms Robinson y la gente como ellos creen el mensaje y van por Trump porque él arreglará las cosas. 

Por eso admiro la campaña de Trump. Ha convencido a la gente cuyo voto necesita; irrespetuoso del establishment, pasó por encima de precandidatos como Ted Cruz, Jeb Bush o Marco Rubio, y ser candidato. ¿Es irreverente? Sí. ¿Dice cosas inapropiadas? Sí. ¿Hace ofertas exageradas? También. ¿Va muy cerca de Hillary en las encuestas? También.

Por eso me encanta la campaña de Trump. Por irreverente. Por enfocada en el objetivo. Por no tenerle respeto a las marcas ni al sistema. Porque hace marketing burdo, primitivo y efectivo, sin matices.
Veamos si gana y qué pasa después.

De pilón
Dan Ariely habla de lo predeciblemente irracionales que somos los humanos. En el marketing político parecen ignorarlo. Les recomiendo su lectura: Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions. Dan Ariely, 2010. Harper Perennial.

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