Faber-Castell y su programa de reforestación

Una de las empresas que ha tomado real conciencia del cuidado los bosques es Faber-Castell. Como el mayor productor individual de lápices de madera en el mundo, con 2.3 millardos de unidades al año, la firma alemana necesita de hasta 150,000 toneladas de madera al año. Asegurar este recurso de forma ecológicamente amistosa es uno de los objetivos de mayor importancia estratégica y una de los principales retos para el futuro.

 

Por eso, la firma alemana inició hace más de 30 años un proyecto forestal en el sureste de Brasil, a dos mil kilómetros de la Selva Amazónica. Ahí, los bosques de pinos de Faber-Castell se extienden sobre un total de 10,000 hectáreas en lo que antes fuera un páramo en medio de la sabana. El proyecto se inició en 1982 para asegurar que la demanda de madera de primera calidad pudiera ser cubierta con fuentes de materia prima propias, a largo plazo.

 

Otro caso destacable es Colombia, en donde 67 agricultores han cultivando 1,561 hectáreas para suministrar las plantas de producción de la compañía con materiales en crudo. Para este propósito, proveen parte de su propia tierra que previamente era usada mayormente para pastoreo de ganado.

 

Después de la tala, reciben un 30% de las ganancias de la madera. Hoy en día, casi un tercio de los bosques con certificado FSC® (Forest Stewardship Council) no se talan y se dejan en su estado natural. Estos bosques son el hogar de especies raras de animales y plantas, algunas de las cuales están en peligro de extinción. En Brasil, por ejemplo, se han identificado 64 tipos diferentes de mamíferos y 237 especies de aves, incluyendo especies como el coatí, ñandú, garza y lobo de crin, este último amenazado por la extensión de los asentamientos humanos. Las áreas cosechadas son replantadas, creando así un ciclo ecológico continuo.

Actualmente, los bosques de Faber-Castell absorben tres veces la cantidad de dióxido de carbono que las 14 plantas de producción de la compañía producen, cubriendo un total de 12.000 hectáreas entre ambos, el equivalente de alrededor de 17,000 canchas de fútbol. Estos bosques son la base de la línea de Ecolápices de Faber-Castell, cuyos productos se degradan en sólo 13 años.

 

Reconociendo estos esfuerzos, Faber-Castell fue declarada oficialmente carbono neutral, porque cuenta con sus propios bosques que absorben todas las emisiones de CO2 que produce la compañía a nivel mundial.

 

 

 

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