¿Afecta el horario de verano a la salud?

Desde 1996, se impuso en México el horario de verano. En estados como Baja California Norte se implementó desde 1942, en Yucatán desde 1981, y en los estados de Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas desde 1988. En la actualidad cerca de 100 países lo aplican en todo el mundo.

Estudios científicos hechos en diferentes países, -incluido México, revelan que no existen evidencias de que el cambio de horario afecte la salud física o mental de las personas; de igual manera, no se ha reportado que el cambio de horario motive el surgimiento de trastornos de sueño o empeoramiento de éstos en personas que ya los padecen, comenta el Dr. Reyes Haro Valencia, del Instituto Mexicano de Medicina Integral de Sueño (IMMIS).

El especialista señala que el cuerpo humano tiene mecanismos de adaptación que se localizan en el cerebro, mismos que se activan para ubicar todos los ritmos fisiológicos al nuevo horario. Se trata del reloj biológico que regula los biorritmos entre los que destacan los ritmos circadianos, que ocurren cada 24 hrs. como el ciclo sueño-vigilia. Este reloj interno forma parte de una estructura anatómica conocida como núcleo supraquiasmático, situado por encima del quiasma óptico, que es donde se cruzan los nervios de ambos ojos. Esta zona del cerebro regula diversas conductas, entre ellas, la adaptación a los cambios de horario, se activa cuando éstos se dan y permite los  ajustes necesarios ante el cambio, sin causar efectos.

Esta función adaptativa es la misma que se activa para ajustar la fisiología y actividades después de que cada fin de semana y vacaciones, advierte el especialista. La mayoría de las personas suelen acostarse y levantarse tarde viernes y sábados, con lo que se desfasa su ritmo circadiano de una a tres horas, entonces el domingo intentan dormir temprano sin lograrlo debido a este desplazamiento en sus horarios, provocando con ello el malestar del domingo por la noche y la consecuente dificultad para levantarse el lunes, así como de regresar al horario de entre semana para trabajar o ir al colegio.

Comenta el especialista que el lunes se torna un poco difícil para el desempeño diurno y puede haber muchos bostezos, fatiga, malestar, irritabilidad, somnolencia y mayor consumo de sustancias estimulantes de uso habitual como las bebidas con cafeína. El martes ya suele recuperarse el ritmo habitual, mismo que volverá a desajustarse el siguiente fin de semana, también volverá a reajustarse el siguiente martes. Este es un claro ejemplo de cómo unas horas en el cambio de ritmos no afectan más allá de lo mencionado y que en consecuencia existen mecanismos de adaptación a los cambios, en todo caso, una hora de recorrido en el horario de verano afectaría mucho menos la salud y el desempeño diurno.

Reyes Haro dice que otro ejemplo útil para comprender la no afectación en la salud con el cambio de una hora en el horario de verano, es lo que ocurre con el desfase de los ritmos biológicos durante los períodos vacacionales, en los cuales los horarios para acostarse y levantarse van más allá de una hora, el regreso a las actividades y la adaptación pueden llevar hasta 72 horas, dependiendo de la duración de las vacaciones y el intervalo de tiempo que se hayan recorrido los horarios, pero aún así, ocurre la adaptación a los horarios convencionales. En este sentido, cabe señalar que los niños tienen también desarrollados los mecanismos de adaptación a los cambios de horario, situación que descarta que puedan tener alguna alteración en las funciones cognitivas o en su desarrollo físico por este cambio de horario.

Abundó que lo mismo ocurre cuando se viaja a otro continente, donde al llegar, el horario puede afectar el rendimiento, pero de igual manera, se activan los mecanismos de adaptación a las nuevas condiciones. Además, en casos más extremos, muchas personas de acuerdo a su actividad profesional, se someten constantemente a cambios de horario sin que esto afecte su salud, como el personal aéreo, los conductores de autobuses foráneos y personas que trabajan turnos prolongados, así como aquellos que se someten periódicamente a cambios de turno o que trabajan por la noche y duermen de día. La fuerza de cada persona y su reloj biológico les permite adaptarse a cambios constantes de horario o tolerar jornadas prolongadas de trabajo.

Destacó que existen algunas personas sensibles a un cambio de horario, pero esta sensibilidad se origina debido a que les enoja el cambio de horario, no porque les ocasione algún problema de salud. Lo recomendable en estos casos es tratar de controlar su malestar, toda vez que es una medida que seguirá implementándose y que nada podemos hacer para que deje de aplicarse.

Con el fin de lograr una adaptación más rápida en aquellas personas sensibles al cambio de horario la recomendación es evitar las siestas la semana previa y posterior al cambio a fin  conciliar más fácil el sueño durante la noche, reducir el consumo de sustancias estimulantes, en particular cerca de la hora de dormir, ajustar el reloj y sus actividades al nuevo horario y procurar un horario regular para levantarse y acostarse todos los días, incluso los dos primeros fines de semana o los días de descanso.

Reyes Haro asegura que el organismo no sufre ningún cambio relevante en cuanto a su funcionamiento.

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