Los 6 tipos de clientes más complicados para una agencia

FERNANDO_FAMANIA

Por Fernando Famanía director de ifahto

No es queja, aunque lo parezca. Lo asumo como uno más de los gajes del maravilloso oficio que tengo la suerte de desempeñar, sin embargo, en esta época del año, con el trabajo a tope, las responsabilidades triplicadas, la gente cansada y un ritmo que ni el mejor superhéroe de cómic podría aguantar, es inevitable pensar que la vida del mercadólogo sería unas cuántas veces más fácil si los clientes lograran por un segundo ponerse en nuestro lugar.

Y es que claro, toda agencia necesita de clientes para subsistir, brindamos un servicio “personalizado” y como tal, debemos comprender, que estamos tratando con clientes tan diversos como personalidades y hábitos hay en el mundo; no es tarea sencilla.

Cada año, las buenas agencias invierten mucho de su tiempo, esfuerzo y capital en capacitar a su gente en temas que comprenden la atención al cliente como una fortaleza vital del negocio, pero debemos admitirlo, hay ocasiones en las que toda la buena voluntad en el mundo no es suficiente. “El que paga, manda” reza el dicho y está en lo correcto, pero hay formas de mandar. Por ello quise compartir con ustedes, algunos tipos de clientes a los que atender debería ser tomado en cuenta para canonizar a varios mercadólogos mártires del sistema:

1. El que dispone de tu tiempo: es aquel que te cita para un brief o para presentar propuesta, pero te atiende con la mano en la cintura una hora después de la acordada. Particularmente, esta clase de cliente me perturba. Su tiempo es de suma importancia, igual que el mío o el de los clientes, proveedores, amigos o familia con quienes tengo cita después. Siendo un obsesivo de la puntualidad que se pone nervioso cuando va 2.5 minutos tarde a una cita, no me cabe en la cabeza que alguien pueda disponer de esa manera del tiempo ajeno.

2. El que quiere milagros: te llama el martes para decirte que el viernes necesita al Cirque du Soleil en un brunch para sus clientes, pero tiene aproximadamente 200 pesos con todo y producción. Entiendo, su papel es reflejar ahorros para la empresa, conseguir el máximo beneficio al menor costo y mantenerse dentro de los presupuestos acordados internamente, pero, en serio, ¿nadie les explicó la premisa de la corresponsabilidad ente costo-beneficio?

3. El que no sabe lo que quiere… pero sí: “lo dejo en sus manos, ustedes son los expertos” dice, y ahí estás tú, samaritano crédulo trabajando de sol a sol sin un objetivo claro, mucho menos un brief, pero lo logras, desarrollas lo que parece la mejor estrategia de la historia, vas, presentas y te responde con un “no es lo que tenía en mente”, ¿pues no que yo era el experto?

4. El que te roba energía: esta es una categoría muy amplia. Abarca desde los malos tratos, hasta los que te hacen trabajar doble o triple sin razón lógica. Aquí aplica tanto para el ámbito laboral como el personal: ¡corre! Los ladrones de energía suelen tener un efecto poderosísimo sobre la gente a su alrededor, la negatividad es contagiosa y en esta industria no podemos darnos el lujo de ser negativos.

5. El indeciso: te invita a un pitch con otras 18 agencias, aún en pitch pide 120 cambios, tarda un siglo en decidir qué propuesta le es más conveniente y cuando por fin decide (ya con el tiempo de ejecución encima) sigue dudando sobre elementos que él mismo pidió “sube el piano, baja el piano”.

6. El roba ideas: esta clase puede enfurecerme más que ninguna, y creo que todos los que nos dedicamos a esto, nos hemos topado, por lo menos una vez en la vida (si se es afortunado) con un cliente así. Propones, diseñas, cotizas, le encanta… pero se lo da a la agencia del primo de su esposa porque le cobra la mitad y además le da en cortesía las aceitunas para los martinis. Lo que sucede ahí, y me pone muy de malas, es que una idea impecable no solo es robada de la
forma menos ética posible, sino que acaba siendo ejecutada con cartulinas fosforescentes y pintura inflable acabando con tu fe en la humanidad.

He de reconocer, que, afortunadamente, existe la otra cara de la moneda y hay clientes con los que trabajar es una delicia; de esos centrados, coherentes, justos y con los que las cosas fluyen increíblemente bien. Son estos, con los que cada ejecución resulta memorable y los resultados excelentes. Para pensarse, ¿no creen?

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