Los chatbots de IA generan dependencia en adolescentes mientras reguladores ignoran el riesgo
Gobiernos restringen redes sociales pero permiten acceso sin control a herramientas de conversación con inteligencia artificial
Cerca de la mitad de los adolescentes en Estados Unidos utilizan chatbots como ChatGPT, Copilot y Character.AI para tareas escolares, búsqueda de información o entretenimiento, según datos recientes. Este fenómeno ha generado un creciente cuerpo de evidencias que indica que los adolescentes están usando estas herramientas como sustitutos de amistades…

Cerca de la mitad de los adolescentes en Estados Unidos utilizan chatbots como ChatGPT, Copilot y Character.AI para tareas escolares, búsqueda de información o entretenimiento, según datos recientes. Este fenómeno ha generado un creciente cuerpo de evidencias que indica que los adolescentes están usando estas herramientas como sustitutos de amistades y relaciones en el mundo real, mostrando patrones que se asemejan a la adicción conductual.
El escenario resulta alarmantemente familiar a especialistas en regulación tecnológica. En diciembre, Australia se convirtió en el primer país en implementar una prohibición legal de redes sociales para adolescentes, sirviendo de experimento para el resto del mundo. Desde entonces, varios gobiernos, incluidos los de Reino Unido, España, Francia, Grecia y Canadá, han comenzado a seguir este modelo. Al mismo tiempo, las prohibiciones a nivel estatal están ganando impulso en Estados Unidos. Sin embargo, mientras los reguladores se enfocaban en plataformas de redes sociales tradicionales, los chatbots de inteligencia artificial avanzaron sin supervisión equivalente.
Kaitlyn Regehr, profesora asociada de Humanidades Digitales en University College London, advierte sobre la repetición de errores históricos: "Es correcto que utilicemos las redes sociales como un estudio de caso de lo que no queremos repetir. Engáñame una vez, vergüenza para ti; engáñame dos veces, vergüenza para mí". Regehr señala que los gobiernos han pasado años tratando de regular las redes sociales, solo para permitir que productos de inteligencia artificial no probados lleguen a manos de los jóvenes sin marcos regulatorios equivalentes.
Este contexto plantea un desafío significativo para los tomadores de decisiones en México y América Latina, donde la rápida adopción de tecnologías emergentes debe ir acompañada de una regulación adecuada que proteja a las generaciones más jóvenes. Los riesgos incluyen: dependencia psicológica, reemplazo de interacciones sociales genuinas, exposición a información no verificada y falta de supervisión sobre contenidos que reciben los menores. Es vital que se establezcan políticas proactivas que aborden estas preocupaciones antes de que se conviertan en un problema generalizado, aprendiendo de la experiencia con redes sociales donde la regulación llegó años después de la adopción masiva.
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