Crayola pone una nota de color a la hidratación con botellas inspiradas en sus lápices de colores
Crayola ha fraguado una alianza con el fabricante estadounidense especializado en productos de hidratación CamelBak que se traducirá en una colorida edición limitada de botellas de agua cuyo diseño se mirará deliberadamente en el espejo de sus famosos lápices de colores.
Las nuevas botellas de agua de Crayola y CamelBak vienen acompañadas de un tapón cónico cuya forma remeda a todas luces la punta de las ceras de colores comercializadas por la primera compañía. Pero las similitudes con los celebérrimos lápices de colores de Crayola no terminan aquí ni mucho menos. Las botellas toman prestados a Crayola sus matices cromáticos más emblemáticos, incorporan en los extremos las dos líneas ondulantes igualmente presentes en la ceras de colores y llevan estampado el inconfundible logo ovalado de la marca de crayones. Junto al logotipo de Crayola es visible asimismo el nombre del color adoptado por cada botella.
Crayola y CamelBak han lanzado botellas en varios modelos y tamaños: botellas térmicas de acero inoxidable del modelo Chug (47 cl), recipientes más ligeros del modelo Tritan (74 cl) y las cantimploras infantiles Flip Straw (41 cl).
No obstante, lo que más destaca en las botellas de agua son sus llamativos colores (que son los mismos de los lápices de colores de Crayola): Cherry Red, Sky Blue, Mountain Meadow, Carnation Pink y Yellow Orange.
Una colaboración que reúne todos los ingredientes para conquistar el éxito
La edición limitada de botellas de Crayola y CamelBak está ya a la venta en Amazon, que se antoja para ambas marcas el canal más natural para el proyecto que han emprendido al alimón. Para Crayola la colaboración con CamelBak es una forma de extender sus tentáculos más allá de las mesas de dibujo. Y para CamelBak la alianza con Crayola permite poner a la marca poner una nota de color en un mercado que tiene normalmente el foco puesto en la funcionalidad del producto (y no tanto en su diseño).
Sin estar a merced a un «storytelling» excesivamente elaborado (que probablemente tampoco es necesario), las nuevas botellas de Crayola y CamelBak funcionan a la perfección porque ceden todo el protagonismo a un producto de uso cotidiano ornado con el «branding» de una marca que logra apelar a la nostalgia del consumidor, a quien retrotrae hasta cierto punto a su infancia.
Los lápices de colores de Crayola forman parte, al fin y al cabo, de la memoria colectiva y su mera silueta (que con tanto acierto reproducen las botellas) propicia de manera casi inmediata una respuesta emocional por parte del consumidor. Las botellas de Crayola y CamelBak destacan por hacer suyo todo aquello que resulta de probada eficacia en el «cobranding (cuyo éxito radica en buena medida de aprovechar lo mejor de dos marcas sin tener que crear nada totalmente desde cero).
No es, por cierto, la primera vez que Crayola forja una colaboración con una marca que resulta completamente ajena a su ámbito de actividad. Hace sólo unos meses Clinique se alió con Crayola para relanzar sus icónicos «Chubby Stick», cuyo sencillez de uso es equiparable, al fin y al cabo, a la de los emblemáticos lápices de colores de la marca estadounidense de crayones.
